Cuentos populares
Cuentos populares —Me ha traÃdo en un vuelo —dijo Turbin—. Son los últimos cinco rublos que me quedan…
—Procede usted como un buen húsar —observó, con una sonrisa, uno de los nobles que, a juzgar por su bigote, su voz y la desenvoltura de sus pies, debÃa de haber sido militar de caballerÃa—. ¿Se propone permanecer mucho tiempo aquÃ, conde?
—Tengo que conseguir dinero; a no ser por eso me marcharÃa en seguida. Además, no tienen habitaciones. ¡Maldita fonda!
—PermÃtame que le ofrezca mi cuarto. Es el número siete. Si quiere, puede pasar la noche conmigo. DeberÃa quedarse un par de dÃas… Esta noche habrá un baile en casa del mariscal de la nobleza. Me gustarÃa mucho que asistiera…
—AnÃmese, conde, y quédese —intervino otro, un joven apuesto—. ¿Qué prisa tiene por marcharse? Estas elecciones no volverán a celebrarse hasta dentro de tres años. Es una ocasión para que conozca a nuestras muchachas.
—Sashka, tráeme ropa limpia; voy a ir a tomar un baño —exclamó Turbin, levantándose—. Tal vez desde allà vaya a visitar al mariscal. Ya veré.
Luego llamó al camarero y le dijo unas palabras. Éste respondió con una sonrisa que «todo depende de las manos que uno tenga», y se fue.