Cuentos populares
Cuentos populares Después de llamar a Blucher, un enorme perro gris, el conde se quitó la pelliza, cuyo cuello estaba aún cubierto de escarcha, quedándose con una guerrera azul. Ordenó que le sirvieran vodka y, sentándose a la mesa, tomó parte en la conversación de los señores. Todos se sintieron bien predispuestos hacia el recién llegado, por su aspecto franco y agradable; y le ofrecieron una copa de champaña. Turbin apuró la copita de vodka que le habían servido y encargó una botella con objeto de obsequiar a sus nuevos conocidos. Al cabo de un momento, entró el cochero para pedir la propina.
—¡Shashka! Dale una propina —gritó Turbin a su asistente.
El cochero abandonó la sala, acompañado de Sashka; pero no tardó en volver con unos kopecks en la mano.
—Padrecito, he hecho todo lo que he podido por servirte. Me prometiste medio rublo éste me da sólo veinticinco kopecks.
—¡Sashka! Dale un rublo —gritó Turbin.
El asistente bajó la cabeza y se puso a mirar los pies del cochero.
—Le he dado bastante —replicó, en voz de bajo, al cabo de un rato—. Además, no me queda más dinero.
Turbin sacó de la cartera los dos últimos billetes que le quedaban y entregó uno al cochero. Éste le besó la mano y se fue.