Cuentos populares
Cuentos populares —Es igual, aunque sea en la sala —exclamó un joven oficial con gorra de húsar y pelliza, que acababa de apearse de un trineo y había entrado en el mejor hotel de la ciudad de K***.
—Hay una aglomeración enorme, excelencia —explicó el criado, dando ese tratamiento al húsar, porque ya se había enterado por su asistente de que era el conde Turbin—. La propietaria de Afremovo y sus hijas se marcharán esta noche. Así podrá ocupar la habitación once —añadió, mientras conducía a Turbin pasillo adelante, volviendo la cabeza sin cesar.
En la sala, ante una mesita por encima de la cual colgaba un retrato ennegrecido y de cuerpo entero del zar, había varias personas tomando champaña —sin duda eran nobles del lugar—; y en torno a otra, algo retirada, un grupo de comerciantes, con pellizas azules, que estaban de paso en la ciudad.