Cuentos populares
Cuentos populares —No me ofenda usted —decÃa tÃmidamente el oficial de caballerÃa, en pie ante Turbin, que estaba tendido en su cama, con los pies sobre la barandilla—. He sido militar y, por tanto, puede considerarme como compañero suyo. ¿Para qué lo va a pedir por ahÃ? Estoy dispuesto a prestarle doscientos rublos. En este momento, sólo dispongo de ciento; pero hoy mismo le conseguiré el resto. ¡No me ofenda, conde!
—Gracias, padrecito —replicó Turbin dando un golpecito en un hombre al oficial. HabÃa comprendido en el acto qué género de relaciones habÃan de establecerse entre ellos—. Gracias. En ese caso, iré al baile. ¿Qué hacemos ahora? Dime qué hay de bueno en la ciudad. ¿Hay muchachas guapas? ¿Quién organiza las fiestas? ¿Quién juega a las cartas?
El oficial de caballerÃa dijo a Turbin que muchas jóvenes bonitas asistirÃan al baile. El más alegre de todos los de la ciudad era el comisario de policÃa, Kolkov, al que acababan de reelegir; pero, aún cuando era un muchacho valiente, no tenÃa el arrojo de un húsar. El coro de gitanos de Iliushkin estaba en la ciudad desde que habÃan empezado las elecciones; Stioshka cantaba muy bien y todos irÃan a su casa después del baile del mariscal.