Cuentos populares
Cuentos populares —No es fácil que se muera de hambre… ¡Menudo lustre tiene! —replicó el asistente, acariciando al animal.
—¡No hables más! ¡Haz lo que te mando!
—Tanta preocupación por el perro, y luego le reprocha a uno que haya bebido una copita…
—¡Calla o te mato! —vociferó Turbin, con una voz terrible que hasta vibraron los cristales de las ventanas y el oficial de caballerÃa se asustó.
—HarÃa mejor preguntando si ha comido Sashka. Pero ¡qué le vamos a hacer! Ya se sabe que aprecia más al perro que a mà —prosiguió el asistente.
Pero, de pronto, recibió un puñetazo en pleno rostro y cayó al suelo dando con la cabeza contra la pared. Llevándose una mano a la nariz, salió corriendo de la habitación y se desplomó en un cofre del pasillo.
—¡Me ha dejado sin muelas…! —murmuraba, enjugándose con una mano la nariz ensangrentada, mientras acariciaba con la otra el lomo del perro—. ¡Me ha dejado sin muelas, Bliushka! Pero, sea como sea, es mi señor y no vacilarÃa en arrojarme al fuego por él. Es mi señor… ¿Lo entiendes, Bliushka? ¿Tienes hambre?
Después de permanecer un ratito echando, Sashka fue a dar de comer al perro. Luego, se dirigió al cuarto de su amo para ofrecerle té. Casi se le habÃa pasado la borrachera.