Cuentos populares
Cuentos populares —¿Hace mucho que se ha levantado, Mijail Vasilievich? —le preguntó, mientras se quitaba los lentes de oro de su fina nariz y se ponÃa a limpiarlos con un pañuelo de seda rojo.
—No; acabo de levantarme. He dormido muy bien.
—Acaba de llegar un húsar. Se ha hospedado en la habitación de Zavalshevsky… ¿Ha oÃdo hablar de él?
—No… ¿no ha llegado ninguno todavÃa?
—Creo que han ido a ver a Priajin. No tardarán en volver.
En efecto, en breve entraron en el cuarto un oficial de guarnición que acompañaba siempre a Lujnov, un comerciante de procedencia griega —tenÃa una enorme nariz aguileña, el color cetrino, los ojos negros y muy hundidos— y un hombre grueso y fofo, un terrateniente y fabricante de vodka, que se pasaba las noches enteras jugando. Todos querÃan empezar a jugar cuanto antes; pero ninguno mencionó el juego y el que menos Lujnov, que se puso a hablar tranquilamente del bandidaje de Moscú.
—Es inconcebible que, nada menos que en Moscú en la capital, deambulen por las noches bandidos disfrazados de diablos armados de garrotes para asustar al estúpido populacho y robar a los viajeros. Me interesarÃa saber qué es lo que hace la PolicÃa.