Cuentos populares
Cuentos populares —SÃ, en casa de nuestro principal ha ocurrido un escándalo, y no es fácil ver en claro el asunto. Se trata de una mujer amiga de divertirse y que ha empezado a torcerse. Él es un hombre inteligente y serio. Primeramente era con el librero. El marido trató, con la mayor dulzura, de reducirla a la razón; pero ella no cambiaba de conducta, sino que, al contrario, cometÃa las acciones más feas, y hasta dio en robarle el dinero. Él la maltrataba. ¡Como si no! La cosa iba de mal en peor. Empezó a admitir requiebros de un hombre que no era cristiano, es decir, de un hereje, de un judÃo, con perdón de ustedes. ¿Qué podÃa hacer mi principal? La ha dejado a sus anchas, y él lo pasa ahora como soltero, mientras ella vive arrastrándose por esos mundos de Dios, vamos, perdida.
—Es que él es un imbécil, —dijo el viejo—, si desde el primer dÃa no la hubiese dejado campar por sus respetos y la hubiese atado corto, vivirÃa honradamente. ¡Ya lo creo! Hay que acabar con esas libertades desde el principio. No te fÃes de caballo en camino real, ni de la mujer en tu casa, dice el adagio.
En este momento pasó el revisor pidiendo los billetes para la estación próxima. El viejo le dio el suyo.
—SÃ, hay que dominar a tiempo al sexo femenino; si no, se lo llevará todo el diablo.