Cuentos populares
Cuentos populares El conde eclipsó a los tres mejores bailarines de la provincia; al rubio ayudante del gobernador, que se destacaba por bailar muy de prisa y porque sujetaba a la dama cerca de sí; a un militar de caballería, célebre porque se balanceaba de un modo gracioso al bailar el vals y porque daba ligeros golpecitos con el tacón, y a otro caballero del que se decía que no era muy inteligente; pero, en cambio, un perfecto bailarín, el «alma» de todos los bailes. En efecto, este caballero invitaba, desde el principio hasta el fin de la velada, a todas las damas por el orden en que estaban sentadas. No dejaba de bailar un momento; sólo se detenía de cuando en cuando, para enjugarse el rostro con un pañuelo de batista.
Turbin había eclipsado a todos y había invitado a bailar a las tres damas más importantes; a la alta, una mujer rica, bella y estúpida; a la mediana, una joven delgada, no demasiado bella, pero muy elegante; y a la bajita, que era fea e inteligente. También bailó con otras damas con todas las guapas que eran numerosas.