Cuentos populares
Cuentos populares Turbin volvió a la sala y, lo mismo que antes, se puso a bailar alegremente con la linda viudita. Rió de buena gana de los pasos que hacían los caballeros que habían venido con él del despacho y prorrumpió en una sonora carcajada cuando el comisario de Policía se escurrió, cayéndose cuán largo era en medio de los que bailaban.