Cuentos populares
Cuentos populares —¡Su hermano es un estúpido! —exclamó con brusquedad—. Cuando un hombre ofende a otro, se baten en duelo; pero cuando se trata de una mujer, ¿qué se debe hacer?
El cuello y las orejas de la pobre Ana Fiodorovna enrojecieron a causa de su turbación. Bajó la cabeza sin proferir palabra.
—A una mujer, se la besa en presencia de todos —susurró el conde inclinándose hacia su oÃdo—. PermÃtame que, al menos, le bese la mano —dijo después de un silencio prolongado, compadeciéndose de su dama, al verla tan alterada.
—¡Pero no ahora! —pronunció Ana Fiodorovna, con un profundo suspiro.
—¿Cuándo, pues? Me voy mañana muy temprano… Y eso, me lo debe usted.
—En tal caso, no podrá ser.
—PermÃtame que la vea hoy para besarle la mano. Yo buscaré la oportunidad.
—¿Cómo?
—Eso no le incumbe. Soy capaz de lo que sea, con tal de verla… ¿Accede?
—SÃ.