Cuentos populares
Cuentos populares También Iliushka salió al encuentro de Turbin y fingió alegrarse mucho de verle. Los presentes, incluso las viejas, se pusieron en pie para rodear al recién llegado. Turbin dio un beso en los labios a las gitanas jóvenes; las viejas y los hombres lo besaron en el hombro y en la mano. Los nobles manifestaron gran contento al verlo aparecer, porque la orgía, que había llegado a su apogeo, empezaba a decaer. Todos comenzaban a experimentar hastío: el vino había perdido ya el poder de excitar los nervios y sólo producía molestias en el estómago. Todos habían agotado su caudal de energías: todos se habían examinado unos a otros, y se había terminado el repertorio de canciones, dejando una impresión de ruido y desenfreno. Ya podía uno hacer la cosa más rara del mundo: a nadie le parecía interesante ni divertido. El comisario de Policía, tendido en una postura indecorosa a los pies de una vieja, empezó a agitar los pies y a gritar:
—¡Champaña!… ¡Champaña!… Prepararé el baño de champaña para bañarme… ¡Señores, me gusta la distinguida sociedad de la nobleza!… ¡Stioshka, cante El senderito!