Cuentos populares
Cuentos populares El oficial de caballería estaba también borracho; pero le había dado por otra cosa. Se hallaba sentado en el diván, muy arrimado a Liubasha, una hermosa gitana. Abría y cerraba los ojos sin cesar, a causa de la borrachera, movía la cabeza y repetía las mismas palabras: suplicaba a la muchacha que huyese con él. Liubasha lo escuchaba, risueña, como si le hiciera mucha gracia lo que le decía; pero, al mismo tiempo, lanzaba miradas un tanto tristes a su marido, Sashka, el bizco, que se hallaba frente a ella. Y, como respuesta a las declaraciones de amor del oficial, le decía al oído que le comprara cintas y perfumes sin que se enterase nadie.
—¡Hurra! —gritó el oficial cuando entró Turbin.
El joven apuesto paseaba por la habitación con pasos firmes y expresión preocupada, canturreando una melodía de El rapto del desarrollo.
Un viejo padre de familia, que había ido a escuchar a las gitanas, gracias a los insistentes ruegos de los señores de la nobleza —le habían dicho que sin él se echaría a perder la fiesta— se hallaba tendido en un diván, en el que se había dejado caer cuando llegó, sin que nadie le hiciera caso.