Cuentos populares
Cuentos populares —¿Qué amor es ese que consagra el matrimonio? —volvió a decir.
—¿Qué amor? —contestó la señora—. ¡El amor común entre esposos!
—Pero ¿cómo puede ocurrir que sea capaz de consagrar el matrimonio un amor común? —continuó, visiblemente afectado, el caballero nervioso.
Y pareció que intentaba decir algo desagradable a la señora.
Ella lo comprendió, sin duda, y empezó a aturdirse.
—¿Cómo? Pues muy sencillo —dijo.
El caballero nervioso cogió la palabra al vuelo.
—¡No; muy sencillo, no!
—La señora dice, —interrumpió el abogado, señalando a su esposa—, que el matrimonio debe ser ante todo resultado de un afecto, de un amor, si usted quiere, y que cuando existe el amor, el matrimonio representa algo sagrado, pero sólo en tal caso; mientras que todo matrimonio que no se funda en un afecto natural, en el amor, no encierra nada que obligue moralmente. ¿No es cierto, querida?… Por consiguiente… —añadió el abogado, queriendo continuar la discusión.
El caballero nervioso no le dejó acabar y, haciendo grandes esfuerzos por contenerse, preguntó: