Cuentos populares
Cuentos populares Volvió a echarse en el diván y se puso a mordisquear las crines.
«¿Por qué cantarán en la habitación siete? —se preguntó—. ¡Ah! Sin duda, Turbin está divirtiéndose. Estoy por ir allà a emborracharme».
En aquel momento, Turbin entró en la habitación del ulano.
—¿Qué hay, amigo? ¿Has perdido?
«Fingiré dormir. De otro modo, tendré que hablar con él, y la verdad es que tengo sueño», se dijo Ilin.
—Dime, amigo, ¿has perdido? —insistió el conde, acercándose y acariciando la cabeza del joven.
Pero éste no contestó. Entonces, Turbin lo zarandeó por un brazo.
—¡Pues sÃ, he perdido! ¿Y a ti qué te importa? —murmuró Ilin, al fin, con voz adormilada e indiferente, sin cambiar de postura.
—¿Todo?
—SÃ. Lo he perdido todo. No tiene nada de particular. Eso no te incumbe.