Cuentos populares
Cuentos populares Ilin había bebido mucho en la despedida. De pronto, le dio lástima de que se fuera el conde y le rogó que se quedara un día más. Al convencerse de que no conseguía nada, se puso a besarlo con lágrimas en los ojos. Le dijo que, en cuanto llegara, pediría que lo trasladaran al cuerpo de húsares, al regimiento en que servía él. Turbin estaba particularmente alegre; dio un empujón al oficial de caballería, que desde aquella mañana se había decidido a tutearle, y lo tiró a la nieve; azuzó a Blucher contra el comisario de Policía y cogió en brazos a Stioshka como para llevársela a Moscú. Finalmente, montó al trineo y obligó al perro a que se sentara a su lado, a pesar del empeño que tenía de permanecer en pie.
Tras de pedir al oficial de caballería que recogiera la pelliza de su amo y se la enviase, Sashka subió al pescante. El conde gritó: «¡Vámonos!». Luego, se quitó la gorra y, agitándola por encima de la cabeza, silbó a los caballos igual que un cochero. Los trineos se pusieron en marcha.