Cuentos populares
Cuentos populares —TendrÃamos que buscar entre los húsares un novio para ti, Lizochka —declaró el viejo.
—No; prefiero a un ulano. Tú has servido en el cuerpo de ulanos, ¿verdad, tÃo?… No tengo ningún interés en conocer a esos húsares. Dicen que son unos calaveras.
Al decir esto, Liza se ruborizó ligeramente, y volvió a echarse a reÃr con su risa sonora.
—Ahà viene Ustiushka. Vamos a preguntarle qué ha visto —dijo.
Ana Fiodorovna mandó que llamaran a la muchacha.
—¡No piensas más que en zafarte del trabajo! ¿Quién te manda correr a mirar a los soldados? Por cierto, ¿dónde se han alojado los oficiales?
—En casa de Eremkin, señora. Hay dos muy guapos; dicen que uno es conde.
—¿Cómo se apellida?
—Creo que Kazarov o Turbinov… No recuerdo bien.
—¡Qué tonta eres! Al menos debÃas haberte enterado de su apellido.
—Voy a preguntárselo, si quiere.
—¡SÃ, eso es! ¡Siempre estás dispuesta a estas cosas! No; es mejor que vaya Danilo. Hermano, mándale que pregunte a los oficiales si necesitan algo. Debemos ser amables. Puede decirles que lo manda su señora.