Cuentos populares
Cuentos populares «Me gustarÃa ver a este húsar. ¿Será rubio o moreno? —pensó—. Me figuro que a él también le agradarÃa conocerme. Y, sin embargo, pasará por aquà sin saber siquiera que he pensado en él. ¡A cuántos les habrá sucedido lo mismo! Nadie repara en mÃ, excepto el tÃo y Utioshka. ¡Es inútil que me cambie de peinado o de vestido; nadie se fija en mi persona!». Suspiró, mirándose las blancas manos. «Debe de ser alto, de ojos grandes y, sin duda, tiene un bigotito negro. ¡Pensar que he cumplido ya veintitrés años y que nade se ha enamorado de mÃ, salvo Iván Ipatievich, el que la cara picada de viruelas! Y eso que hace cuatro años era más bonita que ahora. Asà es como se pasa mi juventud, sin ser una alegrÃa para nadie. ¡Soy una muchacha pueblerina muy desgraciada!».
La voz de la madre, que la llamaba para que sirviera el té, sacó a la muchacha pueblerina de este sueño momentáneo.