Cuentos populares

Cuentos populares

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Las mejores cosas suceden siempre por casualidad, pues, cuanto más se esfuerza uno, menos éxito tiene. Es poco frecuente que la gente de las aldeas se preocupe de dar educación a los hijos y por eso mismo, la mayoría de las veces, suele ser magnífica. Tal era el caso de Liza. Debido a su inteligencia limitada y a su carácter despreocupado, Ana Fiodorovna no le había dado una educación esmerada. No le había enseñado música, ni tampoco el útil idioma francés. Cuando tuvo de su marido a esa criatura sana y bonita, la puso en manos de una nodriza. Más adelante, se preocupaba de que le dieran de comer, de que la vistieran con trajecitos de percal y zapatos de cabritilla, de que la llevaran a pasear y a coger setas y bayas, y de que un seminarista la enseñara a leer, a escribir y a hacer cuentas. Al cabo de dieciséis años, se dio cuenta de que tenía en Liza un ama de casa dispuesta, bondadosa y alegre. Ana Fiodorovna solía tener siempre a alguna criatura recogida, bien de sus siervos, bien de las abandonadas. Desde los diez años, Liza había empezado a ocuparse de ellas; les enseñaba las primeras letras, las vestía, las llevaba a la iglesia y las reprendía cuando hacían travesuras. Luego, se había presentado su achacoso tío, a quien había tenido que cuidar como a un niño; también atendía a los criados y a los campesinos, que acudían pidiendo remedios contra sus enfermedades, los curaba con saúco, menta y alcohol alcanforado. Más adelante, tuvo también que gobernar la casa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker