Cuentos populares
Cuentos populares —¡Animal!… ¡Lárgate! Me haces perder los estribos… Ya saber que tengo costumbre de tomar el té con ron cuando estamos de expedición.
—Aquà tiene dos cartas del cuartel general.
Sin levantarse, el conde abrió las cartas y empezó a leerlas. En aquel momento entró en la estancia, resplandeciente de alegrÃa, el corneta que habÃa ido a acompañar el escuadrón.
—¿Qué hay, Turbin? Parece que estás muy bien aquÃ. Confieso que me encuentro cansado. Ha hecho calor.
—SÃ. ¡Muy bien! ¡En esta casucha maloliente! Y, por si fuera poco, por tu culpa, no tenemos ron. Tu estúpido criado no lo compró, ni el mÃo tampoco. PodÃas habérselo dicho.
Tras de decir esto, Turbin siguió leyendo. Cuando hubo terminado la primera carta, la arrugó y la tiró al suelo.
—¿Por qué no has comprado ron? —preguntó el corneta en voz baja a su criado, saliendo al zaguán—. TenÃas dinero.
—¿Y a santo de qué vamos a comprarlo nosotros? Yo no hago más que gastar, mientras el alemán fuma que te fuma.
Sin duda la segunda carta no era desagradable porque el conde la leyó risueño.