Cuentos populares
Cuentos populares —De… un señor, de un sinvergüenza a quien debo dinero que me ha ganado jugando a las cartas. Es la tercera vez que me lo recuerda… No puedo devolvérselo ahora… ¡Es absurdo lo que me dice! —exclamó Turbin, disgustado.
Después de esta conversación, los dos oficiales permanecieron callados. El corneta, que sin duda se hallaba bajo la influencia del conde tomaba el té en silencio, mirando de tarde en tarde su apuesta figura. Turbin tenÃa los ojos fijos en la ventana. No se decidÃa a empezar a hablar.
—SerÃa magnÃfico que este año hubiese una nueva promoción —dijo de pronto, volviéndose hacia Polozov y sacudiendo jovialmente la cabeza—. Además, si tomamos parte en alguna campaña, tal vez podrÃa adelantar a los capitanes de caballerÃa de la Guardia.
La conversación giraba aún sobre este tema, mientras tomaban el segundo vaso de té, cuando entró el viejo Danilo para transmitir la orden de Ana Fiodorovna.
—También me ha mandado que le pregunte si es usted hijo del conde Fiodor Ivanovich Turbin —añadió el criado, de su propia cosecha, al oÃr el apellido del oficial, pues aún recordaba la llegada del difunto conde a la ciudad de K***—. Mi señora y el conde fueron muy amigos.