Cuentos populares
Cuentos populares Y Polozov se volvió hacia Turbin con intención de preguntarle si le había gustado Liza; pero cambió de idea. No sólo no se hallaba en disposición de discutir con él en caso de que su parecer fuese distinto del suyo, sino que le constaba que ni siquiera sería capaz de mostrarse en desacuerdo, hasta tal punto estaba acostumbrado a someterse a su influencia, que cada día se le antojaba más pesada e injusta.
—¿Adónde vas? —preguntó al ver que Turbin se acercaba a la puerta con la gorra puesta.
—A la cuadra. Voy a ver si todo está en orden.
«¡Qué raro!», pensó el corneta. Sin embargo, apagó la vela y procuró disipar los sentimientos hostiles y los celos que le inspiraba su amigo.