Cuentos populares
Cuentos populares «El honor y la gloria no son más que tonterías», pensó, mirando hacia la ventana. A través del chal se filtraban los pálidos rayos de la luna. «La verdadera felicidad consiste en vivir en un rinconcito tranquilo con una mujer buena, sencilla y agradable».
No se sabe por qué, Polozov no comunicó estos pensamientos a su compañero y ni siquiera mencionó a la muchacha, a pesar de que estaba convencido de que Turbin también pensaba en ella.
—¿Por qué no te desnudas? —preguntó a éste, que paseaba por la estancia.
—Todavía no tengo sueño. Puedes apagar la vela, si quieres. Me acostaré a oscuras —replicó Turbin, continuando sus paseos.
—Todavía no tengo sueño —repitió Polozov, que, después de aquella velada, se sentía más descontento que nunca de la influencia que Turbin ejercía sobre él y estaba dispuesto a sublevarse. «Ya me figuro qué ideas cruzan en este momento por tu cabeza tan bien peinada —pensó, dirigiéndose mentalmente a él—. Sé que Liza te ha gustado, pero no eres capaz de apreciar a este ser sencillo y honesto. Tú necesitas mujeres como Minna y charreteras de coronel».