Cuentos populares

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«Me molesta el gato», pensó, arrojándolo de su lado. El animal cayó blandamente al suelo; luego, moviendo su pomposo rabo, subió a la estufa de un salto. En esto llegó la doncella. Dormía en el suelo, en la habitación de Ana Fiodorovna. Se entretuvo en colocar la estera, en encender la lamparilla y en apagar la vela. Finalmente, se acomodó y en breve se quedó dormida. Pero el sueño no acudía para aplacar la alterada imaginación de Ana Fiodorovna. En cuanto cerraba los ojos, se le representaba la faz del húsar, y al abrirlos, a la débil luz de la lamparilla, le parecía verlo, bajo distintas formas, en la cómoda, en la mesita y en su vestido blanco que había dejado colgado. Tan pronto tenía calor bajo el edredón, tan pronto le resultaba insoportable el tic-tac del reloj y el ronquido de la muchacha. Acabó despertándola para ordenarle que no roncase. Y en su mente confundiéronse pensamientos acerca de su hija, de los dos condes y del juego de cartas. Ora se veía bailando un vals con el difunto conde, y sentía unos besos sobre sus brazos y sus blancos hombros, ora se representaba a su hija en brazos del joven Turbin. Ustiushka, la doncella, empezó a roncar de nuevo.





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