Cuentos populares
Cuentos populares —SÃ, no puede negarse que, en algunas ocasiones, la vida marital termina con una tragedia espantosa. Vean ustedes, por ejemplo, el caso de Pozdnychev —dijo el abogado, queriendo desviar la conversación de aquel terreno inconveniente y demasiado excitante—. ¿Han leÃdo ustedes cómo mató a su mujer por celos?
La señora contestó que no habÃa leÃdo nada sobre ese crimen. El caballero nervioso no despegó los labios; cambió de color. De repente dijo:
—Veo que ha adivinado usted quién soy.
—No, no he tenido ese gusto.
—El gusto no es muy grande. Yo soy Pozdnychev.
Nuevo silencio. Pozdnychev se sonrojó y volvió a palidecer en seguida.
—Después de todo nada importa. Ustedes dispensen, no quiero molestarlos.