Cuentos populares
Cuentos populares Volvà a sentarme en mi sitio. El abogado y la señora cuchicheaban. Yo estaba sentado junto a Pozdnychev, y guardaba silencio. HabrÃa querido hablarle, pero no sabÃa por dónde empezar, y asà pasó una hora hasta la próxima estación, en la cual se apearon el abogado, la señora y el viajante. Pozdnychev y yo nos quedamos solos.
—¡Lo dicen, pero mienten o se engañan! —exclamó Pozdnychev.
—¿De qué habla usted?
—Pues… siempre de lo mismo.
Apoyó los codos en las rodillas, y se apretó las sienes con las manos.
—¡El amor, el matrimonio, la familia!… ¡Mentira mentira y mentira!
Luego, se levantó y, corriendo la cortinilla, volvió a echarse sobre el asiento. En esta postura permaneció en silencio durante más de un minuto.
—¿No le resulta a usted desagradable estar conmigo, sabiendo quién soy?
—¡Oh! ¡De ninguna manera!
—¿Tiene usted sueño?
—En absoluto.
—Entonces, ¿quiere usted que le cuente mi vida?