Cuentos populares
Cuentos populares (Ya en el Cáucaso me enteré, y no por él mismo, de que el capitán habÃa estado cuatro veces gravemente herido, y, como es natural, no le habÃa escrito nada a su madre de sus heridas, ni tampoco de las campañas).
—Que lleve siempre esta santa imagen —continuó la vieja—. Lo bendigo con ella. ¡La santÃsima Virgen lo protegerá! Sobre todo, que la lleve siempre en las batallas. DÃgale que se lo ordena su madre.
Le prometà cumplir su encargo al pie de la letra.
—Sé que se encariñará usted con mi Pashenka —continuó la viejecita—. ¡Es tan simpático! Figúrese que no pasa un año sin que me mande dinero, y a mi hija Anushka también la ayuda; ¡y todo eso de un sueldo! Me paso la vida agradeciendo a Dios el haberme dado un hijo asà —concluyó con lágrimas en los ojos.
—¿Le escribe a menudo? —pregunté.
—Muy de tarde en tarde, padrecito: algo asà como una vez al año, sólo cuando me manda dinero me pone unas letritas. Me dice: «Si no le escribo, mamaÃta, es que estoy sano y salvo; si Dios me llamara, entonces se enterarÃa de ello sin mû.