Cuentos populares
Cuentos populares A unas cien sajenas delante de la infantería, sobre un caballo blanco, iba un oficial alto y arrogante, vestido al estilo asiático, al frente de la caballería tártara. Era célebre en el regimiento por su valor temerario y por ser un hombre que le espetaba la verdad fuese a quien fuera. Vestía una casaca negra bordada, un pantalón igual, unas botas nuevas que se ceñían a sus pantorrillas, también bordadas, y un gorro alto, echado hacia atrás. Llevaba bordados de plata en el pecho y en la espalda, y al cinto, dos pistolas y un puñal, en un estuche de plata. Además de todo esto, un sable en una vaina roja bordada y una carabina en una funda negra colgaban a su espalda. Por su traje, su manera de montar y su actitud y, en general, por sus movimientos, se advertía que quería parecerse a un tártaro. Hasta hablaba con los que lo acompañaban en un idioma desconocido para mí. Pero, por las burlonas miradas de incomprensión que se lanzaban éstos, creí que no le entendían. Era uno de nuestros jóvenes oficiales, un djiguit, formado al estilo de Marlinsky y Liermontov. Esos hombres miran al Cáucaso a través de los héroes de nuestro tiempo. Mulla-Nurov y otros y se guían para todos los actos, no de sus inclinaciones, sino del ejemplo que aquéllos les dan.