Cuentos populares
Cuentos populares —DÃgame, por favor, ¿qué son esas llamas? —pregunté, en un susurro, a un tártaro que iba a mi lado.
—¿No lo sabes? —replicó.
—No.
—Son los habitantes de las montañas que atan paja a una estaca, la encienden y la agitan en el aire.
—¿Para qué?
—Para que todos sepan que han llegado los rusos. En este momento hay un gran alboroto en las aldeas —añadió, echándose a reÃr—. Todos llevan sus riquezas a los barrancos, para ocultarlas.
—¿Acaso saben ya en las montañas que avanza el destacamento? —le pregunté.
—¿Cómo podrÃan ignorarlo? Lo saben todo: asà son los nuestros.
—¿Entonces también Shamil se estará preparando para la lucha?
—No —replicó, moviendo la cabeza negativamente—. Shamil no asistirá a las operaciones; enviará a sus naib. (Asà se llamaban los hombres a quienes Shamil confiaba alguna parte de su gobierno) y él las presenciará con su anteojo desde arriba.
—¿Vive lejos?
—No. Ahà a la izquierda, a unas diez verstas.
—¿Cómo lo sabes tú? ¿Acaso has estado all� —pregunté.