Cuentos populares
Cuentos populares Pero, en aquel instante, el joven abanderado vino corriendo; su rostro sofocado expresaba espanto, agitando los brazos, se lanzó hacia los cosacos.
—¡No lo toquéis! ¡No le peguéis! —gritó, con su voz infantil.
Al ver al oficial, los cosacos se dispersaron, soltando a un cabrito blanco. El joven abanderado se desconcertó, masculló algo, y con el semblante turbado, se quedó inmóvil ante el animal. Al vernos al capitán y a mí, se ruborizó aún más y se acercó a nosotros dando saltitos.
—Creí que querían matar a una criatura —dijo, sonriendo tímidamente.