Cuentos populares
Cuentos populares Al llegar el doctor, tomó de manos del practicante las vendas, las sondas y otros instrumentos y, remangándose, se acercó al herido con una sonrisa llena de animación.
—A usted también le han hecho un agujero en un sitio sano —dijo, en tono de broma—. Enséñemelo.
El abanderado obedeció; pero la mirada que dirigió al alegre doctor reflejaba extrañeza y reproche que éste no percibió. El médico comenzó a sondear la herida y a examinarla por todos lados; pero el herido, perdiendo la paciencia, rechazó su mano con un gemido…
—Déjeme —exclamó con voz apenas perceptible—. De todos modos me he de morir.
Al decir estas palabras, dejó caer la cabeza hacia atrás y, al cabo de cinco minutos, cuando me acerqué al grupo que se habÃa formado en torno a él y pregunté a un soldado: «¿Cómo sigue?» me contesto: «está agonizando».