El Diablo
El Diablo Corrió, mientras nadie lo veÃa, y luego caminó con pasos tranquilos hasta la terraza y desde allÃ, fumando un cigarrillo, pasó por el jardÃn como si fuera a dar un paseo y siguió la dirección que ella habÃa tomado. No habÃa dado dos pasos por el sendero antes de notar detrás de los árboles un chaleco sin mangas de terciopelo, con una falda rosa y amarilla y un pañuelo rojo. Ella iba a algún lugar con otra mujer. "¿A dónde van?"
Y de repente, un terrible deseo lo abrasó como si una mano estuviera apretando su corazón. Como si fuera por el deseo de alguien más, miró a su alrededor y se dirigió hacia ella.
"Eugene Ivanich, Eugene Ivanich. He venido a ver a su excelencia", dijo una voz detrás de él, y Eugene, viendo al viejo Samokhin que estaba cavando un pozo para él, se recompuso y girando rápidamente fue a su encuentro. Mientras hablaba con él, se giró de lado y vio que ella y la mujer que estaba con ella bajaban por la pendiente, evidentemente hacia el pozo o usando el pozo como excusa, y después de detenerse allà un rato, corrieron de regreso al cÃrculo de baile.