El Evangelio abreviado
El Evangelio abreviado 14. Pero quien beba de mi agua, quedará para siempre saciado, y será mi agua la que lo llevará a la vida eterna».
19. La mujer comprendió que él hablaba de lo divino y le dijo: «Veo que eres un profeta y que quieres enseñarme.
20. Pero, ¿cómo podrás instruirme en lo divino si tú eres un judío y yo una samaritana? Los nuestros ruegan a Dios en esta montaña, pero vosotros, los judíos, decís que la casa de Dios sólo se halla en Jerusalén. No puedes enseñarme sobre lo divino porque vosotros tenéis una fe, y nosotros otra».
21. Jesús le dijo: «Créeme, mujer, llegó el momento en que ni en esta montaña ni en Jerusalén los hombres rogarán a Dios.
22. Porque si ruegan a Dios, están rogando a quien no conocen, y si ruegan al padre, están rogando a quien no se puede no conocer.
23. Llegó el momento en que los verdaderos adoradores de Dios no venerarán a Dios, sino al padre en el espíritu y con obras. Éstos son los adoradores que el padre necesita.
24. Dios es espíritu y debe ser venerado en el espíritu y con obras».