El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Hombres doctos se reúnen en sociedades (estas sociedades son muy numerosas, hay más de cien), en congresos (recientemente hubo uno en París y en Londres y ahora habrá otro en Roma), leen discursos, comen, pronuncian parlamentos, editan libros dedicados a este fin, y demuestran que la tensión de las naciones, forzadas a mantener millones de tropas, ha llegado hasta su límite máximo, y que el proceso armamentístico contradice los objetivos, naturaleza y deseos de todas las naciones, pero que si se escriben montones de papeles y se pronuncian palabras y más palabras, se puede conciliar a los hombres y hacer que no tengan intereses encontrados, y entonces ya no habrá guerras.
Cuando era pequeño me aseguraron que para cazar a un pájaro había que echarle un poco de sal sobre la cola. Así que salí a por uno con sal en la mano, pero de inmediato me convencí de que si pudiera echarle sal en la cola, significaría que podría atraparlo, y comprendí que se habían reído de mí.
Lo mismo deben comprender aquellos que leen artículos y libros sobre tribunales arbitrales y desarme.