El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Pero la gente no estaba preparada para aceptar la solución ofrecida por Cristo, y el antiguo método de definir el mal, que debía establecerse mediante unas leyes vinculantes para todos que se hacían cumplir por la fuerza, continuó aplicándose. Quien decidía qué era el mal y qué debía ser combatido con la violencia era un papa, un emperador, un rey, una asamblea electiva o el pueblo entero. Sin embargo, tanto dentro como fuera de los Estados hubo siempre gente que no reconocía como vinculantes ni las leyes dictadas por designio de una divinidad, ni las de los hombres investidos de santidad, ni las de las instituciones que debían representar la voluntad del pueblo; y gente para quien el bien era lo que para las autoridades era el mal, y que luchaba contra el poder con la misma violencia con la que éste los reprimía.
Para los hombres investidos de santidad, el mal era lo que para otras personas y las instituciones investidas de un poder laico era el bien, y al revés; y la lucha se fue recrudeciendo cada vez más. Y cuanto más perpetuaban los hombres este sistema a fin de solucionar sus conflictos, más se evidenciaba que tal sistema no servía, porque no existe ninguna autoridad que pueda encontrar una definición del mal que sea reconocida por todos.