El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros No puede ser forzado a ello puesto que esta arma, que contra los hombres con una concepción social de la vida resulta tan poderosa, basada en la privación, en el sufrimiento y en la violencia, no tiene para él la más mínima fuerza coercitiva. A un hombre con una concepción social de la vida, las privaciones y padecimientos le arrebatan toda la dicha que da sentido a su existencia, pero a un cristiano no sólo no pueden perturbarle esta dicha, que consiste en cumplir la voluntad de Dios, sino que sólo pueden fortalecerla si éste es alcanzado por la desgracia por cumplir con esta voluntad.
Por tanto, el cristiano, sometido a una única ley divina interior, no sólo no puede obedecer los dictados de la ley exterior que contravienen la ley divina del amor, como son los deberes que impone un Estado, sino que tampoco puede reconocer el deber de obediencia, sea a quien sea y sea para lo que sea; en definitiva, no puede reconocer el llamado juramento de obediencia. En el caso de un cristiano, jurar obediencia a cualquier gobierno —ese acto que es considerado como la base de toda vida estatal— constituye una renuncia directa al cristianismo, porque un hombre que se ha comprometido para siempre a someterse a unas leyes que son y serán creadas por otros hombres, está renunciando de un modo absolutamente certero al cristianismo, que impele a obedecer en todas las circunstancias de la vida a la única ley divina del amor.