El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Lo mismo ocurre con los elementos salvajes de todas las sociedades: ni el aumento ni la disminución de la severidad en los castigos, ni las modificaciones realizadas en las cárceles, ni tampoco el aumento de efectivos policiales hacen disminuir ni aumentar el número de delitos, puesto que este número sólo disminuirá como consecuencia de un cambio en la opinión pública. Ningún castigo, por más severo que sea, ha podido erradicar de algunos países los duelos ni las venganzas de sangre. Por más que se ejecute a los circasianos por robar, lo seguirán haciendo por bravuconería, porque ninguna muchacha se casará jamás con un joven que no haya demostrado su intrepidez robando un caballo o, al menos, un carnero. Si los hombres dejan de matarse en duelos y los circasianos dejan de robar, no será por miedo a ser castigados (en realidad, este miedo al castigo añade encanto a su atrevimiento), sino porque se ha producido un cambio en la opinión pública. Esto mismo es aplicable a todos los delitos. La violencia nunca podrá erradicar aquello que es aceptado por la opinión pública. Al contrario, cuando la opinión pública está en contraposición frontal con la violencia acaba venciéndola, como ha sucedido y sucede en los martirios.