El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Con el fin de atraer hacia el cristianismo a los pueblos salvajes —que no nos han hecho nada y a los que nadie nos ha llamado a conquistar—, en vez de dejarlos en paz o, en caso de necesitar o desear acercarnos a ellos, tratar de influir en ellos únicamente con una actitud, doctrina y verdades cristianas (resignación, humildad, templanza, pureza, fraternidad y amor), creamos nuevos mercados y establecemos un comercio beneficioso sólo para nosotros, les arrebatamos la tierra (es decir, les robamos), les vendemos alcohol, tabaco y opio (es decir, los corrompemos), les imponemos nuestras costumbres, les enseñamos la violencia y todas sus maneras de ejercerla (es decir, les enseñamos la ley animal de la lucha, la más degradante para el ser humano), y llevamos a cabo todo aquello que oculta ante sus ojos lo que hay de cristiano en nosotros. Después, tras haberles enviado a un par de decenas de misioneros que los sermonean con las consabidas sandeces de la Iglesia, ponemos como prueba irrefutable de la imposibilidad de aplicar las verdades cristianas en la vida nuestro intento infructuoso de convertir a los salvajes al cristianismo.
Lo mismo sucede con los asà llamados delincuentes de nuestras sociedades. Para atraerlos hacia el cristianismo hay un solo y único medio: los valores cristianos, que tan sólo surgirán entre ellos a través de una doctrina auténticamente cristiana sustentada en un modelo de vida también auténticamente cristiano.