El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Exactamente la misma impresión causaban los elegantes funcionarios y oficiales, dispersados por el andén y la sala de espera de primera clase. Sentado en una mesa cubierta por entero de botellas, el gobernador, jefe de toda aquella expedición, con su uniforme medio militar, comía algo y charlaba tranquilamente sobre el tiempo con un conocido con el que se había encontrado, como si el cometido hacia el que se dirigía fuera tan sencillo y normal que no podía perturbar su tranquilidad, ni su interés por el tiempo variable.
No lejos de la mesa, sin comer nada, estaba sentado el general de los gendarmes con aire impenetrable pero abatido, como si le pesara la fastidiosa formalidad. Por todas partes iban y venían oficiales armando alboroto, con sus bonitos uniformes engalanados de oro: uno, sentado en una mesa, estaba acabándose una botella de cerveza; otro, de pie en la cantina masticando un pastelillo y sacudiéndose las migas del uniforme, arrojó una moneda con gesto engreído; otro, con paso chulesco, se paseaba delante de los vagones de nuestro tren mientras clavaba la mirada en los rostros de las mujeres.
Todos estos hombres, que se encaminaban hacia el asesinato o tortura de aquellas mismas personas hambrientas e indefensas que los mantenían, tenían el aspecto de alguien que sabe firmemente lo que hace y lo que hay que hacer, e incluso se enorgullece y fanfarronea de ello al hacerlo.