El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Los jóvenes y gallardos soldados, enfundados en nuevos y limpios uniformes, se agolpaban algunos de pie y otros sentados ante las puertas de los vagones de mercancías abiertas de par en par, con los pies colgando. Unos fumaban; otros se empujaban, bromeaban y reían mostrando los dientes; otros comían pipas y las escupían con presunción. Algunos de ellos corrían por el andén hacia una tina de agua para saciar la sed y, al cruzarse con algún oficial, moderaban el paso, hacían un estúpido gesto de llevarse una mano a la frente y, con expresión seria, como si hicieran algo no sólo razonable sino de gran importancia, pasaban por su lado siguiéndole con la mirada. Después se ponían a trotar aún con más júbilo, haciendo sonar los tacones por las tablas del andén, riendo y charloteando, como es propio de unos muchachos jóvenes y sanos que viajan en alegre pandilla de un lugar a otro.
Se encaminaban hacia el asesinato de sus hambrientos padres y abuelos como si en realidad fueran a hacer algo divertido o, por lo menos, de lo más habitual.