El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Todos estos muchachos, en su mayor parte campesinos, saben hacia lo que se dirigen, saben que los terratenientes siempre perjudican a sus hermanos, también campesinos, y que en esta ocasión no debe de ser distinto. Además, más de la mitad de ellos ya lee libros, y no sólo libros que ensalzan el arte militar, sino también algunos que demuestran su inmoralidad. Entre ellos sirven compañeros de pensamiento liberal, alistados voluntariamente, oficiales liberales tan jóvenes como ellos, y ya se ha sembrado la semilla de la duda acerca de la legitimidad y heroÃsmo de su tarea. Es cierto, todos ellos han pasado por ese terrible y hábil adiestramiento elaborado durante siglos, que mata cualquier espÃritu de iniciativa en el hombre, y están tan habituados a la obediencia mecánica, que a la voz de mando: «¡Fila… fuegooo!,» ya se les alzan automáticamente los fusiles y realizan los movimientos acostumbrados. Pero es que ahora «¡Fuego!» ya no significará entretenerse disparando a un blanco, sino matar a sus padres y hermanos, martirizados y humillados, que se agolpan en la calle ante ellos junto a sus mujeres y niños, gritando y gesticulando. Y ahà los tienen: uno, de barba rala, que viste una casaca remedada y calza laptÃ[57], igual que el padre que dejaron atrás en la provincia de Kazán o Riazán; otro, de barba gris, con la espalda encorvada, que se apoya en un gran bastón, igual que sus abuelos; otro, un mozo que calza botas y lleva una camisa roja, justo como eran ellos hace un año, los soldados que ahora deben dispararle; otra, una mujer que calza laptà y viste una falda de lana, igual que la madre que dejaron en casa…