El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros O tenemos al comerciante, cuyo comercio, como cualquier otro, está basado en una sucesión de estafas, que se aprovecha de la ignorancia y la necesidad de los campesinos, les compra artÃculos por debajo de su valor y, aprovechándose de nuevo de su ignorancia, necesidad y ansia, se los revende a un precio mucho mayor. ParecerÃa evidente que un hombre cuya actividad se basa en algo que, si se produce en otras condiciones, en su jerga es calificado como «timo,» deberÃa avergonzarse de su situación, y no podrÃa continuar ejerciendo de comerciante y dándoselas al mismo tiempo de cristiano o liberal. Pero la metafÃsica de la hipocresÃa le dice que puede pasar por ser un hombre virtuoso aunque continúe con su perniciosa labor: al hombre religioso le basta con creer, y al liberal, con contribuir a la transformación de las condiciones externas, al progreso de la industria. Y este comerciante (que con frecuencia, además de cometer una sucesión de estafas vendiendo lo malo por bueno y engañando al pesar y medir la mercancÃa, vende exclusivamente productos que destruyen al pueblo, como son el alcohol y el opio) se considera atrevidamente a sà mismo y al resto —si es que no está engañando directamente a sus compañeros de robo, es decir, a sus hermanos mercaderes— un ejemplo de honestidad y de buena fe. Y si se gasta en cualquier institución social —un hospital, un museo, un centro de enseñanza— una milésima parte del dinero que ha robado es considerado, además, un bienhechor del mismo pueblo con cuyo engaño y corrupción se ha enriquecido; y si sacrifica para la Iglesia y los pobres una parte del dinero que ha robado, es considerado un cristiano ejemplar.