Guerra y Paz
Guerra y Paz Anna Mijáilovna ya la abrazaba llorando y también lloró la condesa. Ambas lloraban porque eran amigas, porque eran buenas; porque ellas —amigas de la infancia las dos— debían ocuparse de una cosa tan vil como el dinero. Lloraban su juventud pasada… Pero eran lágrimas placenteras para la una y la otra.