Guerra y Paz
Guerra y Paz —Pienso a menudo— prosiguió Anna Pávlovna después de un instante de silencio, acercándose al prÃncipe y sonriéndole tiernamente, demostrando asà que habÃa concluido la conversación polÃtica y mundana y que podÃa iniciarse la Ãntima, —pienso muchas veces con cuánta injusticia se reparten los bienes de la vida. ¿Por qué la fortuna le ha concedido dos hijos (no cuento al menor, Anatole, que no me gusta)— añadió con voz tajante, arqueando las cejas, —dos hijos tan excelentes? Sinceramente, usted los aprecia menos que nosotros, porque no se los merece.
Y volvió a sonreÃr con su sonrisa entusiasta.
—Que voulez-vous? Lafater aurait dit que je n’ai pas la bosse de la paternité— dijo el prÃncipe.[12]
—Déjese de bromas. Quiero hablar con usted seriamente. ¿Sabe que estoy descontenta de su hijo menor? Y entre nosotros le diré— a su rostro volvió la expresión de tristeza —que han hablado de él a Su Majestad y lo han compadecido…
No respondió el prÃncipe, pero la dama lo observaba en silencio, interrogativamente, en espera de una respuesta. El prÃncipe Vasili arrugó el ceño.