Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿Qué quiere que haga?— dijo por fin. —Sabe que hice por su educación cuanto puede hacer un padre, y los dos han salido imbéciles. Hipólito, por lo menos, es un tonto apacible y Anatole un tonto turbulento. Ésa es la única diferencia que hay entre ellos— añadió con una sonrisa todavÃa más artificial y una animación mayor que de ordinario, al mismo tiempo que en las arrugas que rodeaban su boca se dibujó algo inesperadamente vulgar y desagradable.
—¿Por qué hombres como usted tienen hijos? Si no fuese padre, nada tendrÃa que reprocharle— comentó Anna Pávlovna, levantando pensativamente los ojos.
—Je suis votre fiel esclavo, et à vous seule je puis l'avouer. Mis hijos, ce sont les entraves de mon existence.[13] Ésta es mi cruz. Asà me lo explico yo. Que voulez-vous…— y calló, expresando con un gesto su sumisión al cruel destino.
Anna Pávlovna quedó pensativa.
—¿No ha pensado alguna vez en casar a su hijo pródigo, a Anatole?— Y añadió: —Dicen que las solteronas ont la manie des mariages. No es que sienta ya esta debilidad, pero tengo en la mente a una petite personne que no lo pasa muy bien con su padre, une parente à nous, une princesse Bolkónskaia.[14]