Guerra y Paz

Guerra y Paz

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—Es una desdicha cuando estas chicas no están con la madre. Siento tanto haber venido. Con usted seré franco. ¿Sabe que ha roto con su prometido sin consultar a nadie? Es verdad, que nunca me ha entusiasmado mucho ese matrimonio. Él es un hombre excelente, pero casándose contra la voluntad de su padre no habrían sido felices y, en fin de cuentas, a Natasha no le faltarán novios. Pero ya llevaban mucho tiempo, y luego, ¿qué es eso de dar semejante paso sin decírselo a sus padres? Ahora está enferma, y Dios sabe qué tiene… Mal asunto, conde, eso de que las hijas estén sin su madre…

Pierre, viendo el disgusto de Iliá Andréievich, intentó desviar la conversación, pero él volvía siempre a lo mismo. Por fin entró Sonia en la sala; llegaba muy alterada, y dijo a Pierre:

—Natasha no se encuentra bien; está en su habitación y desea verlo. María Dmítrievna le ruega que vaya.

—Sí, usted es muy amigo de Bolkonski— dijo el conde —seguramente querrá darle algo para él. ¡Ah, Dios mío! ¡Ah, Dios mío! ¡Con lo bien que iba todo!

Y llevándose las manos a las sienes, cubiertas de escasos cabellos grises, salió de la sala.


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