Guerra y Paz

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A juzgar por las caras indiferentes y perplejas de los mariscales franceses, era evidente que no habían comprendido la intención de la respuesta a la que parecía aludir el tono de voz del general ruso. “Si era una agudeza, no la entendimos o es que no existe”, parecían decir las caras de los mariscales; tan inadvertida pasó la alusión, que Napoleón no reparó en ella en absoluto y preguntó ingenuamente a Bálashov por qué ciudades pasaba el camino directo de Vilna a Moscú. Bálashov, que desde el principio de la comida estaba alerta, replicó que comme tout chemin mène à Rome, tout chemin mène a Moscou,[361] que había muchos, y uno de ellos, el que pasaba por Poltava, fue el escogido por Carlos XII. Y Bálashov enrojeció satisfecho del acierto de su respuesta.

Apenas había terminado de decir “Poltava”, cuando ya Caulaincourt sacó a colación la incomodidad del camino de San Petersburgo a Moscú y sus recuerdos de aquella ciudad.

Después de la comida pasaron al despacho de Napoleón para tomar café: era el mismo despacho que, cuatro días antes, ocupaba el emperador Alejandro. Napoleón se sentó y removió su café, servido en taza de Sèvres; señaló a Bálashov una silla junto a él.


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