Guerra y Paz
Guerra y Paz Al principio, el viejo miró con ojos inexpresivos a su hijo, esbozó una sonrisa falsa, dejando ver la falta del diente, a lo cual el prÃncipe Andréi no podÃa acostumbrarse.
—¿A qué amiga te refieres, querido? ¿Eh? ¡Ya lo habéis comentado! ¡Eh!
—Padre, yo no querÃa ser juez— siguió el prÃncipe Andréi con voz biliosa y áspera, —pero me obliga a ello, he dicho y diré que MarÃa no es culpable… que la culpa… la culpa es de la francesa…
—¡Ah, ya me has condenado!… ¡Me has condenado!— dijo el viejo con voz tan baja que al prÃncipe Andréi le pareció que estaba confuso. Mas, de pronto, se puso en pie y gritó: —¡Fuera! ¡Fuera de aquÃ! ¡Que no vuelva a verte en esta casa!…