Guerra y Paz

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Pfull era más bien bajo, muy delgado pero de fuerte complexión, anchas caderas y omóplatos salientes. Su rostro era muy rugoso, y sus ojos, hundidos; sobre las sienes, y delante, tenía los cabellos alisados de cualquier manera con un cepillo, pero por detrás le caían los mechones sin peinar. Entró en la habitación mirando a todas partes, con gesto inquieto e irritado, como si temiera encontrar allí toda clase de obstáculos. Con torpe movimiento, sujetando la espada, se dirigió a Chernyshev y le preguntó en alemán dónde estaba el Emperador. Se lo veía deseoso de cruzar cuanto antes aquella sala, acabar con los saludos y las reverencias y sentarse en seguida delante del mapa, que era donde él se encontraba a sus anchas. Asentía, presuroso, con la cabeza a lo que decía Chernyshev, y sonrió irónico al oír que el Emperador estaba visitando las fortificaciones que él mismo había construido según sus propias teorías. Masculló algunas palabras en voz baja y tono rudo, como suelen hacer los alemanes seguros de sí mismos. Algo así como “Dummkopf” o “zu Grunde die ganze Geschichte” o “s’wird was gescheites d'rans werden”…[366] El príncipe Andréi no entendió bien; quería pasar de largo, pero Chernyshev le presentó a Pfull, haciendo notar que Bolkonski volvía de Turquía, donde la guerra había concluido tan felizmente. Pfull miró apenas, más que al príncipe Andréi a través de él, y gruñó con una sonrisa: “Da muss ein schönner tactischer Krieg gewesen sein”[367] y echándose a reír despectivamente pasó a la estancia contigua, donde se oían unas voces.


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