Guerra y Paz

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II

Al día siguiente de la marcha de su hijo, el príncipe Nikolái Andréievich llamó a la princesa María a su despacho.

—Ahora estarás contenta, ¿verdad?— le dijo. —Has hecho que me enfade con mi hijo. Es lo que deseabas, ¿eh? ¿Estás contenta?… Es penoso… muy penoso para un hombre viejo y débil como yo. Es lo que tú querías. Puedes alegrarte, puedes alegrarte…

Después de aquella entrevista, la princesa María no vio a su padre en una semana. Estaba enfermo y no salía de su despacho.

A la princesa María la sorprendió observar que tampoco admitía en sus habitaciones a mademoiselle Bourienne. El único que lo cuidaba era Tijón.

Pasada aquella semana, el príncipe salió de su despacho y reanudó su vida de siempre, preocupándose con gran celo de sus obras y jardines. Sus anteriores relaciones con mademoiselle Bourienne quedaron interrumpidas. Su manera de tratar a la princesa y su frialdad parecían decir: “¿Lo ves? Has inventado cosas contra mí; has mentido a tu hermano acerca de mis relaciones con la francesa y me has indispuesto con él; ahora ya ves que no necesito a ninguna de las dosâ€.


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