Guerra y Paz

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—Lo he dicho y repetido con frecuencia, en el Club de la nobleza— la interrumpió el príncipe Vasili, —pero nadie me hizo caso; dije que su elección como jefe de las milicias no agradaría al Zar. ¡Siempre con esa manía de estar en la oposición!— prosiguió. —¿Y ante quién? Por el deseo de imitar como unos monos los estúpidos entusiasmos de Moscú— dijo el príncipe Vasili, equivocándose y olvidando por un instante que si en casa de su hija Elena convenía criticar el entusiasmo de los moscovitas, en la de Anna Pávlovna era menester admirarlo. Pero en seguida reaccionó. —¿Es conveniente que el conde Kutúzov, el más antiguo de los generales rusos, permanezca en las oficinas de reclutamiento de milicias, y tanto más cuanto il en restera pour sa peine?[381] ¿Acaso puede nombrarse general en jefe a un hombre que no puede montar a caballo, que se duerme en los Consejos y que tiene las más depravadas costumbres? ¡Menudo recuerdo dejó en Bucarest! No hablo de sus cualidades militares, pero no se puede nombrar en estos momentos a un hombre decrépito y ciego. ¡Un general ciego! ¡Como para jugar al escondite!… ¡No ve nada en absoluto!

Nadie contradijo al príncipe Vasili.




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